Llevo más de diez minutos frente a la puerta y todavía no decido si tocar o salir corriendo como las tontas. Van dos contra una, gana el salir corriendo, pero mi sexto sentido me dice que no, que hay algo bueno detrás de esa puerta.
Ya soy una mujer de armas tomar así que lo hice sin pensar, no me di ni cuenta cuando mi puño ya había tocado unas cuatro veces seguidas, y la puerta se abrió. Andrecito con una cara de sorprendido fusionada con una de agradecimiento me recibió en el umbral, me pregunto como estaba y no lograba hacer una frase que le ayudara a descubrir que mierda estaba yo haciendo ahí parada. Me le adelante y le dije mi pequeño problema con la luz.
Obvio por que como dice la frase: ni tonta ni perezosa, llegue al departamento por arte de asociación, a quien más podría conocer de ese edificio, mis vecinos de piso no estaban, y por qué no decirlo, igual quería ver que pasaba con el papacito de hace algunos minutos.
Una sonrisa casi desesperada apareció en la carita de mi socio de lavado y con un ademán bastante exagerado, como su condición casi siempre lo estima, me hizo pasar y esperar en el living mientras buscaba el artículo que me ayudaría para, por lo menos, terminar los Fetuccinis. Como una dama me senté en el sillón de la salita decorada bien abstracta y estilosa como debía ser. Por algunos minutos le resé a cuanto santo me acordé para que esta situación no se demostrara como una falsa forma de conocer al primo, pero hasta que ví a Andrés en el final del pasillo con el paquete de velas supe que había pasado piolita.
Pero como siempre mi boca y la gran personalidad que me acompaña simplemente me jugaron una mala pasada. Me encontré con tu primo en el ascensor, me dijo que te ibas a cuidar a tu papá -suacatela- le lancé toda la duda en la cara, no se si para hacer tiempo y ver si galancete llegaba o sólo para no pasar por una despreocupada. Sí, me contestó: mi viejo está delicado y mi mamá ya no está en edad de cuidarlo sólo – y que pasará con Jamoncito- aún no lo sé, mi papá es enfermo de los pulmones y los perros por esa casa no se ven hace tiempo, he tratado de ver si algún amigo se puede quedar con él pero ya todos tienen uno y como son solteros igual que yo no pueden cuidar a más de uno –que pena, de verdad espero que puedas remediar ese problema, yo si pudiera me quedaría con él- “cállate, cállate boca de mierda”- ¿enserio?, porque yo encantado te lo dejo, además serían unos meses hasta que resuelva la situación donde mis papás –aquí estoy por bocona, si me retracto ahora simplemente seré una puta despreciable para este encantador gay, pero como podría yo cuidar a un cachorro, está bien haré el intento además igual sería choro tener un perro que me ladre- tu me lo dejarías, igual si es de mucho cuidado tendría problemas, yo trabajo igual hartas horas al día- no, no el está acostumbrado, recuerda que mi pega igual me consume mucho, pero su raza es perfecta para estas situaciones profesionales.
Ahí estaba nuevamente metida en medio lío simplemente por darle pie a una vitrineada poca en el departamento del adonis, pero yo ahí métale cháchara y nada que el soquete aparecía, punto menos para el guapetón. No pasaron ni tres minutos conversando con Andrés cuando me vi sentada de nuevo en la sala hermosamente decorada, y recibiendo un plato de comida una manta una bolsa de juguetes para perro y dos bolsas gigantes de comida para cachorros, lo malo era que no se de donde este hermanito cree que yo sacaré fuerzas para caminar con semejante cúmulo de cosas hasta el ascensor, ni que fuera la Fem Nikkita.
Estaba entrando en pánico al pensar en el esfuerzo cuando la sala se lleno de luces y pequeñas chispitas de fuego, era él con tenida sport y el pelo bien desordenado, así como casual, y ahí sí que no me tiritó nada simplemente comencé a volar de un lado a otro, Andrés me hablaba y hablada de Jamón y yo ni los labios le lograba leer, se que entre medio de toda la sarta de exclamaciones de agradecimiento hubo una pequeña presentación con su primo, al que el puso alto de inmediato reafirmando que ya nos conocíamos del ascensor.
No te preocupes yo me lo puedo llevar sola, esa era la frase más mentiroso que podría haber tirado en ese momento pero había que salir digna de todo este tete en el que me había metido. ¡Como se te ocurre mujer!, Alejandro te ayuda, ¿cierto primo?- claro, no tengo ningún problema- así tú te llevas a jamoncito, que a mi las despedidas me dan pena, así que mientras más rápido mejor.
Quién lo podía pensar, fui por unas velas y termine con el galán y un perro en la puerta de mi departamento. Cuando me dispuse a abrir la puerta las llaves cayeron y sin pensarlo ambos nos agachamos a recogerla, el las agarro primero y me las paso mientras aún estaba inclinada, igual me mostré un tanto floja, pero por otro lado pude sentirle el perfume que llevaba en los hombros y simplemente desee estar en una de esas novelas cochinas que leía la Isa en el cole, para poder entrar al departamento tirar al perro lejos y lanzarlo lo más sex posible a mi mini sofá.
Deje las cosas que llevaba en las manos en lo que yo creí reconocer la mesa y acariciando a jamoncito, que tiritaba como perrito hipotérmico, trate de encontrar las velas, para mi conveniencia las había tomado él antes de salir así que dejó lo que cargaba y se dispuso a buscar algún fósforo o encendedor para prender y así lograr acomodar todo. Cuando lo encontró me vio la espalda mientras trataba de pensar en donde acomodaría a esa criaturita que en ese momento volvía a ser un cachorrito indefenso.
Me senté preocupada y le di las gracias, me miró con extrañeza y me pregunto si necesitaba algo, yo lo pensé por un momento y simplemente le dije que sí y nos pusimos a reír al ver la situación en que me encontraba, con un perro en las manos, una olla en la cocina y con una vela que apenas lograba dar luz en una esquina del departamento. Se sentó y me miró con cara de pena, lo que no me gusto mucho, porque por muy mina en peligros que sea sigo teniendo el control de mi vida, - entonces por donde empezamos, por la comida o por el perro- y la que se rió fui yo. Le dije que el perrito, que la comida podía esperar, que si no había comido hace 6 horas, unos minutos más podrías aguantar, me miró con cara de asustado y dijo: ni el perro ni tu tienen derecho a estar sin comer, mejor yo te cocino y tu arreglas a Jamón, que tan sólo nombrarlo veo como tus ojos se ponen melancólicos, rió.
Se paró de un salto, prendió unas cuantas velas más y comenzó a hurgar en mis cajones, la situación era como la de todas mis películas de amor y librillos rosas que había devorado por años así que tomé la decisión de no cuestionarla y vivirla como si no existiera un mañana, me paré rauda y busque la mejor ubicación para la cosita peluda que desde hoy, espero, me ladraría cada vez que abriera la puerta.
domingo 3 de agosto de 2008
Fetuccinis con Jamón
Publicado por Ambar Alvarez Reyes en 14:14 0 comentarios
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