domingo, 3 de agosto de 2008

Fetuccinis con Jamón


Llevo más de diez minutos frente a la puerta y todavía no decido si tocar o salir corriendo como las tontas. Van dos contra una, gana el salir corriendo, pero mi sexto sentido me dice que no, que hay algo bueno detrás de esa puerta.


Ya soy una mujer de armas tomar así que lo hice sin pensar, no me di ni cuenta cuando mi puño ya había tocado unas cuatro veces seguidas, y la puerta se abrió. Andrecito con una cara de sorprendido fusionada con una de agradecimiento me recibió en el umbral, me pregunto como estaba y no lograba hacer una frase que le ayudara a descubrir que mierda estaba yo haciendo ahí parada. Me le adelante y le dije mi pequeño problema con la luz.

Obvio por que como dice la frase: ni tonta ni perezosa, llegue al departamento por arte de asociación, a quien más podría conocer de ese edificio, mis vecinos de piso no estaban, y por qué no decirlo, igual quería ver que pasaba con el papacito de hace algunos minutos.

Una sonrisa casi desesperada apareció en la carita de mi socio de lavado y con un ademán bastante exagerado, como su condición casi siempre lo estima, me hizo pasar y esperar en el living mientras buscaba el artículo que me ayudaría para, por lo menos, terminar los Fetuccinis. Como una dama me senté en el sillón de la salita decorada bien abstracta y estilosa como debía ser. Por algunos minutos le resé a cuanto santo me acordé para que esta situación no se demostrara como una falsa forma de conocer al primo, pero hasta que ví a Andrés en el final del pasillo con el paquete de velas supe que había pasado piolita.

Pero como siempre mi boca y la gran personalidad que me acompaña simplemente me jugaron una mala pasada. Me encontré con tu primo en el ascensor, me dijo que te ibas a cuidar a tu papá -suacatela- le lancé toda la duda en la cara, no se si para hacer tiempo y ver si galancete llegaba o sólo para no pasar por una despreocupada. Sí, me contestó: mi viejo está delicado y mi mamá ya no está en edad de cuidarlo sólo – y que pasará con Jamoncito- aún no lo sé, mi papá es enfermo de los pulmones y los perros por esa casa no se ven hace tiempo, he tratado de ver si algún amigo se puede quedar con él pero ya todos tienen uno y como son solteros igual que yo no pueden cuidar a más de uno –que pena, de verdad espero que puedas remediar ese problema, yo si pudiera me quedaría con él- “cállate, cállate boca de mierda”- ¿enserio?, porque yo encantado te lo dejo, además serían unos meses hasta que resuelva la situación donde mis papás –aquí estoy por bocona, si me retracto ahora simplemente seré una puta despreciable para este encantador gay, pero como podría yo cuidar a un cachorro, está bien haré el intento además igual sería choro tener un perro que me ladre- tu me lo dejarías, igual si es de mucho cuidado tendría problemas, yo trabajo igual hartas horas al día- no, no el está acostumbrado, recuerda que mi pega igual me consume mucho, pero su raza es perfecta para estas situaciones profesionales.

Ahí estaba nuevamente metida en medio lío simplemente por darle pie a una vitrineada poca en el departamento del adonis, pero yo ahí métale cháchara y nada que el soquete aparecía, punto menos para el guapetón. No pasaron ni tres minutos conversando con Andrés cuando me vi sentada de nuevo en la sala hermosamente decorada, y recibiendo un plato de comida una manta una bolsa de juguetes para perro y dos bolsas gigantes de comida para cachorros, lo malo era que no se de donde este hermanito cree que yo sacaré fuerzas para caminar con semejante cúmulo de cosas hasta el ascensor, ni que fuera la Fem Nikkita.


Estaba entrando en pánico al pensar en el esfuerzo cuando la sala se lleno de luces y pequeñas chispitas de fuego, era él con tenida sport y el pelo bien desordenado, así como casual, y ahí sí que no me tiritó nada simplemente comencé a volar de un lado a otro, Andrés me hablaba y hablada de Jamón y yo ni los labios le lograba leer, se que entre medio de toda la sarta de exclamaciones de agradecimiento hubo una pequeña presentación con su primo, al que el puso alto de inmediato reafirmando que ya nos conocíamos del ascensor.


No te preocupes yo me lo puedo llevar sola, esa era la frase más mentiroso que podría haber tirado en ese momento pero había que salir digna de todo este tete en el que me había metido. ¡Como se te ocurre mujer!, Alejandro te ayuda, ¿cierto primo?- claro, no tengo ningún problema- así tú te llevas a jamoncito, que a mi las despedidas me dan pena, así que mientras más rápido mejor.


Quién lo podía pensar, fui por unas velas y termine con el galán y un perro en la puerta de mi departamento. Cuando me dispuse a abrir la puerta las llaves cayeron y sin pensarlo ambos nos agachamos a recogerla, el las agarro primero y me las paso mientras aún estaba inclinada, igual me mostré un tanto floja, pero por otro lado pude sentirle el perfume que llevaba en los hombros y simplemente desee estar en una de esas novelas cochinas que leía la Isa en el cole, para poder entrar al departamento tirar al perro lejos y lanzarlo lo más sex posible a mi mini sofá.

Deje las cosas que llevaba en las manos en lo que yo creí reconocer la mesa y acariciando a jamoncito, que tiritaba como perrito hipotérmico, trate de encontrar las velas, para mi conveniencia las había tomado él antes de salir así que dejó lo que cargaba y se dispuso a buscar algún fósforo o encendedor para prender y así lograr acomodar todo. Cuando lo encontró me vio la espalda mientras trataba de pensar en donde acomodaría a esa criaturita que en ese momento volvía a ser un cachorrito indefenso.

Me senté preocupada y le di las gracias, me miró con extrañeza y me pregunto si necesitaba algo, yo lo pensé por un momento y simplemente le dije que sí y nos pusimos a reír al ver la situación en que me encontraba, con un perro en las manos, una olla en la cocina y con una vela que apenas lograba dar luz en una esquina del departamento. Se sentó y me miró con cara de pena, lo que no me gusto mucho, porque por muy mina en peligros que sea sigo teniendo el control de mi vida, - entonces por donde empezamos, por la comida o por el perro- y la que se rió fui yo. Le dije que el perrito, que la comida podía esperar, que si no había comido hace 6 horas, unos minutos más podrías aguantar, me miró con cara de asustado y dijo: ni el perro ni tu tienen derecho a estar sin comer, mejor yo te cocino y tu arreglas a Jamón, que tan sólo nombrarlo veo como tus ojos se ponen melancólicos, rió.


Se paró de un salto, prendió unas cuantas velas más y comenzó a hurgar en mis cajones, la situación era como la de todas mis películas de amor y librillos rosas que había devorado por años así que tomé la decisión de no cuestionarla y vivirla como si no existiera un mañana, me paré rauda y busque la mejor ubicación para la cosita peluda que desde hoy, espero, me ladraría cada vez que abriera la puerta.

No No!


Me terminó por convencer de que le digiera que hacer, ha regañadientes opte por sacar la conclusión más simple de todas y que no implicara mi nombre muy seguido en las frases que, él muy ñoño, pudiera repetir tal cual.

La cosa se tornó moradita, cuando llegó la invitación a comer derivada de las muchas gracias por decirle simplemente: “hey ¿ha que le tienes miedo? anda y dile, no pierdes nada”. Se tornó medio meloso, temí que en su mente se gestara la astuta idea de querer “echarme los perros”, pero las mujeres también somos débiles para que estamos con cosas, si nos dicen lindas y ahí quedamos tiradas como, alfombra barata para que pase el lindo príncipe que nos acaba de agasajar con una chorrera de palabras casi absurdas que no lo son hasta que las analizamos pos mal sexo.

Yo me empecé a inquietar, igual me estaba metiendo en un problemita del que quizás más rato me iba a sentir culpable. Mi madrecita linda, estaba sentadita en mi hombro derecho diciendo una y otra vez: no seas ingenua, a caso no te das cuenta que es un raspa y gana, claro y como eres tan poco viva, vas a salir con el sorteado y te van a cambiar por otro raspecito, si a éstos no les faltan con quien jugar. Y a mi izquierda estaba la gorda refunfuñando: oye, para de gozar, hace cuanto que nada de nada, te dije que cuando saltara la liebre tú ya estuvieras con el baby doll listo estiradita y lista a la orilla de la cama.

No se a quien le hice caso, lo que se es que por pasmado lo dejé con cuenta y todo en el café y partí a buscar una noche para mi solita, sin que nada ni nadie me interrumpiera mis sueños cochinos con el bomboncito de mi vecino de al lado, total si ponía un poco de música media calentona y cocinaba unos fetuccini con mariscos, demás que el edificio completo iba a creer que hoy era mi noche. Lo peor es que se iban a preguntar ¿si mi compañero entró antes o después de mí? y créanme que no va a faltar el copuchento de tomo y lomo que le va a ir a preguntar a don mariano el conserje de turno.

Caminando por Estado me encontré con la Gleny, una ex compañera de colegio, me contó que están todas de acuerdo con juntarse la próxima semana y que contaban con mi precensia, lo malo es que no le dije que yo no estaba contando con esa salida, que ni pensaba aparecerme por esa reunión. ¡Olvídenlo!, yo soltera en una casi pijamada de viejas grandotas casadas con mil hijos y cuatrocientos orgasmos en la espalda, que horror, yo ahí si que no me aparecía.

Sí, está bien me avergüenza estar soltera, pero no por el echo de mi soledad misma, sino porque no tengo que contar. Los carretes se me funaron desde que el saco de pelotas de mi ex, con el que me encontré, se le ocurrió decir que yo lo engañé. ¡Mentira!, jamás yo podría tener tiempo para eso, con la pega en la oficina, de la familia y la de tener que llegar con toda la predisposición donde tu pololo para decirle: ¡mi amor aquí está su tigresa de la malasia!, no tenía ganas ni para fumarme un pucho después de terminar la pelea y así quería que me hiciera tiempo para tener a otro, ganas no me faltaban, si por probar cosas nuevas las sagitarios somos mandaditas ha hacer. Y así me quede sin vida social, mis amigas me temieron, por que de mirarme mal no lo hicieron, demás que estaban envidiosas de lo bien que supuestamente lo estaba pasando, cualquiera quería una vida así de lujuria y pasión pero no podían exponerse a que fueran sus novios los que pasaran por mis manos, además no es por creerme pero el saco de frutas varias, me dejó por los cielos razón por la cual le di la oportunidad de convencerme para hablar.

Llegando el taxi a mi departamento frente al Forestal, único regalo bueno que me dieron mis 5 años de estudio y 4 de trabajo, me di cuenta que la vida me ha jugado chueco, si soy pesimista y que importa, pero había algo que no cambiaba ni por un “jaboneo” express con mi vecino y era la regia sensación que tenía al meter la llave, rosadita con lunares lila, en mi puerta.

Cuando meditaba mi regia soltería por la mini escalera a los ascensores, me tope con un adonis que ni en sueños de pendeja había aparecido, era así como un galán de película revuelto con fantasía sexual previa a tu primera vez y un poquito de película de amor donde aparece el hombre rudo que no quiere a nadie pero se enamora de ti, era perfecto.

Me preguntó si conocía a un hombre en el piso 16, que tenía un perrito negro. ¡Suacatela!, el mejor aviso andante de lo necesitada que estaba, era gay, no si yo no tenía mala suerte el poderoso estaba jugando “adivina quien” con mi destino amoroso. Le dije que sí, era Andrecito, mi amiguito de lavado, todos lo sábados salíamos a comprar fichas para lavar ropa, que era muy simpático y que su perro era de lo más tierno – el Jamón, mi regalón- más encima me sale verso, sin mayor esfuerzo, no si aparte de soltera era wueona. El tipo se sonrió y dejó entrever sus hermosos dientes, los que no eran madre perla como en el comercial, pero si que eran perfectos, yo por cada centímetro recorrido de ese hombre, ganaba tres puntos en mi juego mental de: “cuan patética puede ser tu vida amorosa”.

Cuando se bajó del ascensor el tipo, me miró con galanura, de esas que a una le tirita hasta el punto G que nadie encuentra y me dijo algo que me dejó escandalizada: - espero verte el sábado entonces también, soy el primo de Andrés y le arrendé el departamento por algunos meses, mientras viaja al sur a cuidar a su papá- impactada y media estúpida le dije: a que bueno pero malo a la vez por su papá, dile que me avise el día que se va para despedirme de él y de Jamoncito, y chan… se cerro la puerta del ascensor.

A mi nadie me quita de la cabeza de que cuando soy estúpida, no es porque hable wueás, sino que simplemente no logro la información necesaria para tener un buen desempeño en el futuro. El departamento de Andrécito, jamás lo supe, sabia que piso, pero no el departamento, error numero uno. Nunca supe como se llamaba el primo, ni cuando se instalaba definitivamente, no sabia si podría ver a Jamoncito antes del sábado ni siquiera me había dado cuenta si ya habían partido, mi mente para algunas cosas es buena y para otras simplemente es una mierda.

Llegue a mi “hogar”, como reza mi pisa pies de la entrada, y tiré en la mesa de enfrente mi súper carterón de feria de pulgas y mi chaqueta remasterizada del closet de mi vieja, como si tuviera nana que me ordenara después, las botas salieron disparadas lo más lejos posible y prendí mi tele de 14 pulgadas, robada desde el cuarto de herramienta de mi padre que solía acompañarse de unas botellitas de chicha casera y una que otra longaniza ahumada que le mandaba su hermana del sur. Comencé a cocinarme los fetuccinis, cuando de repente me quede a oscuras. No no!, se me volvió a olvidar pagar la luz y para más remate me consumí todas las velas espantando el olor a pucho de la junta con la gorda, esto simplemente es un problema que necesita soluciones extremas y convenientes.

Mis vecinos, incluyendo a mi guapo ejecutivo bancario, no están en el piso y me rehúso a salir a comprar. ¿Ahora quien podrá ayudarme?

Empecemos con un Tal vez...


Cansada de esperar salí. La cosa es que llegué a ese bar lindo que hay en el centro, me senté tome el bolso y lo revolví en busca de algunas cosas que me distrajera en la espera. Luego llego el mozo, que hizo honor a su cargo y se mostró más que buen mosso! Me miró y me dijo que era lo que quería pedir, por un momento la pensé: estoy esperando a mi ex, como no voy a mostrarme pudiente, por último para que vea que en algún aspecto en la vida me a ido bien, le dije muy campante que quería un café cortado grande y unas galletitas, recordé que hace algunos días mi prima me había invitado a tomarme un café, al salir de su encierro bebestetiko, hacían ya como tres meses que no podía salir a divertirse, su tema era el bebe y todo en relación así que me instó a un escape... y salimos rocinantes a mosqueto ,la pasamos chancho nos reímos de cuanto tonto pasó por delante, luego nos fuimos al play back de Parque Arauco con sus amigas y terminamos cantando canciones de Silvio como si hubiéramos vivido en la misma época, algo que créanme no fue así.

Cuando el cafecito llegó no la pensé dos veces y me lo tomé con un libro en la mano, nunca está demás parecer intelectual aunque el libro estuviera de cueva en el bolso, y que si no fuera porque soy un poco viva no lo leí al revés.

El tiempo estaba medio complicado, que llovía pero que no, hacia frió pero a la vez calor, a quien se le entendía, yo ya estaba aburrida de usar ropa al antojo de los canales, así que me puse algo termino medio y salí rauda, me tomo mil horas llegar al café en que nos juntaríamos con el fenómeno de ex, fenómeno no por lo bueno o regio sino por lo estúpido que podía parecer después de despreciar mis cariños.

La hora pasaba y el muy imbécil no aparecía, ese día que me llamó parecía complicado, como que si necesitara verme urgente para firmar el divorcio, pero ni tonta ni perezosa me deje acariciar con un dulce "porfa de verdad es súper importante", un rato mas menos largo.. pero parece que el ruego termino cortándome las alas a la hora de llegada. Lo peor es que tenía una y mil estupideces que hacer y el tiempo me era oro de verdad, bueno no eran los panoramas mas entretenidos pero si eran responsabilidades al fin.

Pero al fin llegó el perro arrepentido, sitiando al destino y platón con el café, que desubicado, en que momento me lo topé?, lo peor es que estaba súper sobria en ese momento, pero parece que la desesperación me jugó una mala pasada y pucha que me arrepiento.

En medio de la conversación me salió con que necesitaba mi ayuda, que yo lo conocía que era muy lerdo para relacionarse y que yo siempre había tenido unos cuantos aciertos en mis pensamientos y predicciones, que no le podía negar una ayudadita... yo entre impactada y media absorta...lo miré con cara de " y para esta mierda me llamaste" y le dije que no. Ya si se que sonará pesado y eso... pero no estaba ni al lado con darle consejos sentimentales a un hombre con el me había encamado más de mil veces.. que se cree es tonto o simplemente es "wueon".